Fernandito, de Regina Mundi, entra en el cielo

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En los días previos a la fiesta San José, protector de la Institución, Fernando, «Fernandito», acogido de la Casa de Sevilla (Regina Mundi), subía al cielo. Llevaba 57 años en la casa, ha conocido a las fundadoras, y recibía con los brazos abiertos a todo el que entraba por el patio de Regina Mundi. Ciego, encamado, con mentalidad de un niño pequeño, era la alegría de la casa. Carmen Torres, veterana voluntaria de la Casa comparte sus vivencias con Fernandito. Su funeral fue presidido por D. Juan de Dios Corrales, capellán de la casa, y por Nacho Domínguez SSCC:

«Hoy tiene que haber alguna fiesta especial en el Cielo. No paran de repicar a Gloria las campanas con un sonido que recuerda mucho a la Giralda el día de la Resurrección del Señor.

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Los Ángeles andan alborotados tejiendo guirnaldas con flores de muchos colores a cual más bella.
No hay duda: están esperando a alguien muy importante.
Se abre la Puerta Grande, adornada con el Arco Iris. Luz de Aurora Boreal. La Música Celestial de un coro, uniformado con túnicas relucientes y con un nombre en el pecho que dice «Regina Mundi», entona el Aleluya del Mesías.
En ese momento entra corriendo y un poco despistado Fernando; nuestro Fernandito.
Al ver tanta maravilla, después de haber sido ciego la mayor parte de su vida, se para en seco mirando algo sorprendido sus piernas que no anduvieron nunca tan ágiles. Sin cansancio después de haber recorrido un largo maratón desde la tierra hasta el Cielo.
Sin perder un momento, corre hasta nuestro Padre Dios quien lo abraza y le da las gracias por lo bien que ha hecho su tarea durante el tiempo que vivió en la tierra.
Todo es radiante. Abrazos también de María, su madre del Cielo. Y su hermano Jesús goza teniéndolo a su lado.
Más alegría no cabe y es entonces cuando Fernando se da cuenta de que ha llegado al Cielo.
Su familia de siempre que fue Regina Mundi, sus compañeros, las Hermanas que tan maternalmente lo habían cuidado durante casi toda su vida, lloraban serenamente recordando todas sus anécdotas.
Venían entonces tantos recuerdos… Su afición por los camiones y las radios, sus preguntas por la comida, «.hay pollo?», su fantasía de niño de 5 años diciendo que se iba de excursión en un autobús de sesenta ruedas y sesenta cojines amarillos al tiempo que hacía un ruido gutural de pitada que se oía en toda la casa.
Yo creo que Fernando fue el inventor de la limusina.
Como no podía ver, tenía un oído muy fino de extraordinaria sensibilidad y solo por las pisadas ya sabía quién era la persona que se acercaba. Nos llamaba a voces; sobre todo a una amiga que siempre llevaba tacones y lo quería muchísimo. Siempre acertaba con su nombre.
Yo le di de comer durante muchos años pero perdí mi puesto al ser relevada por Pepe, un voluntario que iba a diario y que se ganó su preferencia al convertirse en un amigo fiel de Fernando.

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El día de los Reyes Magos disfrutaba de lo lindo con los regalitos que anunciaba previamente Antonio en el micrófono: «¡Otro camión para Fernando!».

Fernando, con su gracia y alegría contagiosa, acababa dando las gracias a todos. «iGrassia guapa!» Decía tomando las manos de quien se le acercaba y a la que a veces yen voz algo más baja le preguntaba: «¿tu tiene un sigarro?».
ti fue siempre la alegría de la Casa de Regina y eso fue posible también por los cuidados y mimos de madre que siempre recibió por parte de todas las Hermanas que por aquí han pasado.
Ahora, solo nos queda pedirte un favor: que pidas a Dios por todos los que te hemos querido y que nunca te olvides de Regina Mundi que ha sido y seguirá siendo parte importante de tu vida.
Descansa en Paz».
16 de marzo de 2016