Valores

Conforme a nuestra misión y espíritu de servicio en favor de los más necesitados, en el día a día, cultivamos los siguientes valores:

Dignidad de la persona. Respeto a la vida.

Reconocemos el valor de la vida humana y su dignidad como bien supremo, siendo así el centro de nuestras acciones, conforme a los principios de la Iglesia Católica, y a los Estatutos de la Institución.

Humanización.

En el servicio al enfermo y modo de proceder apoyamos a las personas discapacitadas y más vulnerables aliviando la enfermedad, proporcionando bienestar y afecto hasta sus últimos momentos, ayudándoles a afrontar serenamente el momento de la muerte con sentido cristiano.

El ambiente de familia y sencillez de vida será distintivo característico de nuestras casas. Teniendo en cuenta las personas, los tiempos y las circunstancias, la Institución procurará dar a los acogidos la alegría propia de un hogar cristiano. Se fomenta la ayuda mutua entre los acogidos y la colaboración desinteresada de ellos en los trabajos de la casa, a la que han de considerar como su propio hogar.

Desarrollo personal.

Ante la sociedad apoyamos el desarrollo y la igualdad entre las más desfavorecidas.

Fomentamos las habilidades para la convivencia y el crecimiento personal, la atención integral y la dimensión religiosa.

La gratuidad.

Conforme a la esencia de nuestra espiritualidad, de confianza absoluta en la Providencia, por la cual los medios económicos serán los que tenga a bien enviar el Sagrado Corazón (Constituciones), así el servicio que se presta a los acogidos será de total gratuidad, “dad gratis lo que gratis habéis recibido”       

Misión compartida. Voluntariado.

Desde nuestros orígenes es característica importante y enriquecedora la colaboración de los voluntarios y bienhechores. Ellos participan en diversas tareas, comprometidos en el servicio y la atención a los más necesitados, complementan y fortalecen los lazos afectivos, consiguiéndose así crear entre todos un ambiente familiar.

Cuidamos de modo especial el agradecimiento profundo a Dios y a los colaboradores. (Constituciones)

Son muchas las personas de las que Dios se vale para que a través de su generosidad y dedicación podamos llevar a buen término nuestra obra.