Testimonio de Ignacio Salas, voluntario y peregrino a Lourdes

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Ignacio Salas es voluntario de la Casa del Sagrado Corazón de Jesús de Granada, desde hace muchos años. Ha participado en la peregrinación a Lourdes como voluntario y este es su testimonio de la experiencia:

«Cuando, hace meses, me enteré que había una peregrinación a Lourdes me sentí llamado a acompañar a mis hermanos los acogidos en la Casa del Sagrado Corazón. No lo dudé demasiado y pedí que me aceptaran como acompañante voluntario. Iba a tener la oportunidad de convivir durante unos días las 24 horas con acogidos, hermanas y otros voluntarios. Me pareció que el Señor ponía a mi alcance una experiencia única que seguramente será difícil que pueda repetir».

Tengo que confesar mi personal escepticismo ante grandes curaciones que supongan alterar de forma extraordinaria la evolución natural de una enfermedad o sus secuelas. Sé que, para que haya milagro, es necesaria la fe. Por eso me parece que la existencia de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús es un milagro continuado a través del trabajo de las hermanas y también, y en mucha menor medida, de la dedicación de nosotros los voluntarios.ignacio2

Afirmo que todo en esta peregrinación ha sido un hecho maravilloso que ha satisfecho a acogidos, hermanas y voluntarios. Sin duda alguna el Espíritu nos ha ido inspirando aquello que era necesario realizar en cada momento. La ardua preparación del viaje: contratar autobús, comidas en ruta y alojamiento, la provisión de lo que cada uno podría necesitar al hacer maletas, previsión de horarios, actos en los que participar, búsqueda de sacerdotes acompañantes, y un muy largo etcétera que han supuesto meses de trabajo. La realización del viaje con autobuses adaptados. El magnífico alojamiento situado en el mismo corazón del recinto de la gruta de Lourdes. Los actos, misas y procesiones en los que hemos participado. La fiesta final. El viaje de vuelta…

Todo ha sido gratificante. No importa el esfuerzo, el cansancio, las interminables horas de autobús. Nada de eso ha impedido que hubiera un ambiente alegre, sencillo, acogedor, sincero, de entrega, de cuidarnos unos a otros. He visto y vivido auténticos derroches de paciencia, espera, atención y cariño. Y no solamente con los que, sin duda, lo necesitan; todos nos hemos cuidado y servido como hermanos en la fe que somos.

ignacio3Aunque sólo haya sido por unos días, hemos sido una auténtica comunidad cristiana que sirve, celebra y pone en práctica el evangelio: «Los envió a anunciar el Reino de Dios y a curar a los enfermos» (Lc 9,2).

El Señor me ha concedido en este viaje la posibilidad de servir a un hermano acogido que necesita muchas atenciones: llevarlo en silla, darle de comer, acompañarlo al lavabo, acostarlo, levantarlo, ducharlo, vestirlo, esforzarme en la comunicación con él…; el trabajo ha sido arduo, pero muy satisfactorio. Pero lo que ha sido más gratificante ha sido su sonrisa y, a veces, su risa franca y comprensiva con mis torpezas (un día le puse el zapato izquierdo en el pie derecho y viceversa y al darnos cuenta se disparó la hilaridad de ambos). También su preocupación porque yo comiera y me cuidara. Tocar, limpiar y cuidar el cuerpo de mi hermano ha sido un privilegio que no olvidaré nunca.

Solamente tengo palabras de agradecimiento para todos los implicados en esta peregrinación. Los que hemos ido y los que han trabajado por su consecución aunque no haya sido posible que vayan. Sobre todo doy gracias a Dios por haberme permitido realizar este viaje de servicio y disfrute inigualables que no olvidaré mientras viva».ignacio4