Crónica de un campo de trabajo en la Casa de Bilbao, de Bea Cabello, joven madrileña.

Bea Cabello, es otra de los jóvenes que han colaborado en el campo de trabajo de la Casa de Bilbao, y que también participó en la peregrinación a Lourdes el año pasado ayudando como voluntaria. Bea conoce la Institución desde pequeña y colabora con ella continuamente. Este es su testimonio: «Salíamos el miércoles 19 de casa con las maletas llenas de materiales, juegos, ropa y de lo más importante la ilusión por conocer a toda la gente de Bilbao, por sorprendernos, emocionarnos y disfrutar de cada minuto en la casa.

Yo iba con la idea de idea de poder ver a Dios en cada una de los acogidos, hermanas  empleados y en todos los voluntarios que hemos realizado este campo de trabajo, y de poder transmitir diferentes cosas a la gente.

La primera de mis intenciones se hizo realidad desde el minuto uno, desde que nos sentamos en los bancos a cantar con todos con las guitarras, al ver el cariño con el que las hermanas y trabajadores tratan a cada uno de ellos, el cual hemos recibido nosotros también.

Y la segunda, se ha hecho lo que se ha podido, ya que el amor, la alegría, la diversión, el cariño, el respeto, la locura, y el atrevimiento a hacer cosas nuevas y distintas me lo han transmitido todos ellos a mí. Empezando por mis compañeros que, aunque muchos no nos conocíamos y otros nunca habían cambiado un pañal o habían tratado con personas mayores, desde el primer momento no lo pensaron dos veces y se pusieron manos a la obra y a trabajar en lo que nos necesitaran.

Continuando por las hermanas que nos dieron su absoluta confianza para poder hacer todas las actividades que teníamos pensadas, para poder tener un rato de risas y diversión con ellas y un rato muy agradable para poder conocer la gran labor que hacen.

Y no me puedo de olvidar de ellos, los acogidos, que nos han dado todo, nos han enseñado a amar al prójimo, a dejarnos llevar, canciones de verbena, palabras y poemas nuevos. Aunque  algún día más de uno se cansaba de que estuviéramos detrás de él, al rato venían diciendo que se venían a casa con nosotros o regalándonos sus caramelos sin dudarlo ni un segundo.

Hay una frase que me recuerda a esta congregación que dice: «Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo´´. Así que hermanas solo les digo que sigan cambiando el mundo durante muchos años y que nosotros estaremos encantados de poder ayudarles en los que necesiten y podamos.

Muchísimas gracias por esta gran experiencia, la cual repetiré más pronto que tarde.

 

Bea